PARA CARTAS AL DIRECTOR

 

PERSPECTIVAS

Elecciones municipales

Independentismo en el Perú

El domingo 3 de octubre, los peruanos acudiremos una vez más a las urnas a elegir autoridades municipales y regionales. En juego están 25 gobiernos regionales, 194 alcaldías provinciales y 1684 alcaldías distritales. El Quinto Poder presenta un análisis sobre el tema de los independientes recogido de un trabajo de Ignazio de Ferrari y a partir de el registra sus cálculos de lo que puede ser el resultado del domingo próximo en dos tan importantes ciudades del Perú como Lima y Arequipa

Por:

Unidad de Investigación

El Quinto Poder

No cabe la menor duda que los independientes en las elecciones municipales siempre tienen  sus bastiones. Se abren paso en el camino y al final cada vez obtienen mayores espacios.

Todo parece indicar que en el caso de Lima será una independiente la ganadora del proceso, aunque claro esta va precedida de una serie de partidos de izquierda que la apoyan y algunos otros movimientos independientes pero que tienen esa clara tendencia.

En Arequipa la cosa es más clara los dos candidatos más fuertes a la alcaldía son independientes, pues pertenecen a movimientos regionales, aunque muestran tendencias políticas distintas, de esos dos candidatos que no militan en ningún partido seguramente saldrá el ganador.

En el caso Regional dos de los tres que se perfilan con la mejor de las posibilidades pertenecen a esos dos anteriores movimientos regionales, y el tercero reeleccionista es de clara filiación izquierdista pro Humalista.

Así que Arequipa será bastión de los independientes, salvo que haya una poco probable pero posible reelección.

Por eso acogemos un trabajo serio de un analista sobre como el independentismo ha venido creciendo en nuestra patria en las últimas décadas y cuál puede ser su futuro.

El independentismo

Ignazio De Ferrari

Perú político

En el Perú en los últimos años, las elecciones municipales han estado marcadas por los sucesivos triunfos de los candidatos independientes. Desde 1993 en adelante, los partidos han debido hacer frente a alternativas puramente locales. El artículo explora este fenómeno y hace un recuento histórico de las elecciones municipales en el Perú del último cuarto de siglo.

Las encuestas no le han sido favorables a los partidos políticos, ni a los más nuevos, como el Partido Nacionalista (PNP) que lidera Ollanta Humala, ni a los más antiguos como el tradicional Partido Aprista Peruano (PAP). Ambas organizaciones esperan fuertes retrocesos electorales con relación a la segunda vuelta presidencial de junio pasado, en la que se enfrentaron. Así, en el departamento de Ayacucho, donde Humala obtuvo el 83% de los votos en junio, el PNP está alejado de los primeros lugares. Y en Trujillo, bastión histórico y cuna del aprismo, el partido de Haya de la Torre parece resignado a perder la alcaldía provincial.

En realidad, no es la primera vez que los partidos políticos llegan mal parados a unos comicios municipales y regionales. Desde que las organizaciones políticas entraron en crisis aguda a finales de la década de los 80, la arena municipal les ha representado un verdadero dolor de cabeza, mucho más aún que los comicios presidenciales y legislativos. Durante la década de los 90, los independientes ocuparon los primeros lugares en las elecciones municipales y los partidos políticos tradicionales llegaron, en un momento, a desaparecer virtualmente del mapa.

En resumen, la historia reciente de las votaciones municipales está marcada por el éxito de los independientes. Este éxito tiene como punto de partida las elecciones de 1993, en las que ganaron 66 de las 185 provincias en juego. Desde entonces, las listas independientes, en conjunto, han sido siempre las más votadas.

Sin embargo, eso no siempre fue así. En la década de los 80, los partidos políticos gozaron de un alto nivel de representatividad. Esto se vio reflejado en todos los comicios electorales, tanto legislativos, presidenciales como municipales. Hagamos un repaso.

La década de los partidos

Las primeras elecciones municipales en el Perú se llevaron a cabo durante el primer gobierno de Belaúnde en 1963. En 1966 se realizó la segunda votación. En ambas oportunidades, los antagonistas de la contienda fueron las alianzas electorales de Acción Popular (AP) y la Democracia Cristiana (DC) por un lado y la coalición del APRA y la Unión Nacional Odriísta (UNO), por el otro. En 1963 y 1966, las dos coaliciones juntas alcanzaron el 91 y el 89% de los votos, respectivamente.

Durante los años de dictadura militar los alcaldes fueron elegidos de manera directa por el gobierno de turno. Con el retorno de la democracia en 1980, las autoridades municipales volvieron a ser elegidas por medio del sufragio popular. La democracia traía una novedad importante, ya que los analfabetos accedían por primera vez al voto, con lo que la población electoral crecía de manera considerable.

En 1980 Belaúnde y AP recuperaron el control del gobierno nacional. En las elecciones municipales de ese año confirmaron el resultado obtenido en las generales. Fue además la primera ocasión en que la izquierda peruana se presentó unida ante el electorado.

La década del 80 favoreció ampliamente a los partidos políticos que, juntos, ganaron más del 96% de las alcaldías provinciales. A lo largo del decenio se pudo observar que los resultados electorales municipales estuvieron estrechamente ligados a la suerte del partido de gobierno a nivel nacional. Cuando los comicios se efectuaron a poco de iniciado el mandato presidencial, el partido de gobierno obtuvo victorias abrumadoras (AP, 1980; APRA, 1986) En vez, cuando la elección se realizó a mediados o hacia el final del mandato presidencial, cuando el desgaste del partido de gobierno era mayor, los resultados les fueron adversos a AP en 1983 y al APRA en 1989. Esta dinámica no se repitió a partir de la década de los 90.

Otro fenómeno interesante estuvo ligado con la escasa presencia del PPC fuera de Lima. Sobre esto se ha escrito mucho, pero cuando se analizan los resultados de las elecciones provinciales se hace evidente que el sistema electoral perjudicó, especialmente, al partido de Luis Bedoya. El PPC obtuvo 11, 14 y 14% en 1980, 1983 y 1986, respectivamente. Sin embargo, en 1980 no obtuvo ninguna alcaldía provincial; en 1983, dos; en 1986, 1 y en 1989, como parte del Frente Democrático (FREDEMO), 13.

En las elecciones municipales y regionales peruanas funciona el sistema de mayoría simple en el que rige el principio de “el ganador se lo lleva todo”. Puede darse el caso que un partido obtenga el 30% de los votos a nivel nacional, sin embargo no quede primero en ninguna circunscripción y, por lo tanto, no obtenga ningún cargo. Fuera de Lima Metropolitana, el PPC obtenía un promedio de entre 5 y 20% a nivel departamental, que distribuido de manera proporcional en las provincias, le permitía, rara vez, ganar alguna alcaldía.

En la década de los 80, los grandes beneficiarios del sistema electoral fueron AP y el APRA. En 1980, con el 36% de los votos a nivel nacional, el partido de la lampa ganó el 70% de las alcaldías. En 1986, con el 47% de los votos, el APRA ganó el 90% de las alcaldías.

Los independientes

Los primeros indicios del avance de los independientes se dieron en los comicios de 1989. En esa oportunidad, las listas independientes ganaron 14 alcaldías provinciales, incluida Lima. Sin embargo, fue recién en 1993 que la crisis partidaria se hizo evidente en la arena electoral. Por primera vez, de manera sistemática, sucedió que alcaldes que tenían alguna filiación partidaria postularan a la reelección como independientes calculando un mayor éxito.

La hora máxima de los independientes llegó en las municipales de 1995 cuando se alzaron con la victoria en 176 de 194 provincias en disputa. La crisis de los partidos era tal que sólo AP presentó candidaturas. De esa manera, el APRA, el PPC y la vieja izquierda desaparecieron momentáneamente del mapa político.

Pero, ¿qué produjo el ascenso de los independientes y el colapso de la vieja guardia política? Según el politólogo Martín Tanaka, el avance de los independientes fue consecuencia del agotamiento del viejo sistema de representación. Hacia finales de la década del 80, los partidos políticos fueron incapaces de interpretar los cambios sociales que se producían.

El sistema, que hasta entonces había cumplido con criterios mínimos de representatividad, ya no era capaz de reproducir en las arenas electoral y de gobierno, las demandas de la población. Ello se debió, en gran medida, a que los partidos privilegiaron sus relaciones con gremios tradicionales que, en la nueva coyuntura, eran percibidos como ajenos a los intereses de las mayorías. La Izquierda Unida (IU) y la Izquierda Socialista (IS) se enfrascaron en una lucha por el control de la CGTP. El FREDEMO privilegió sus relaciones con los gremios empresariales. Esa política de alianzas que sellaron los partidos con los demás gremios es lo que Tanaka ha denominado la lógica electoral-movimientista (ver Tanaka 1998: 175-178).

En ese contexto aparecen el fujimorismo y, posteriormente, los liderazgos locales. El deterioro de los partidos fue veloz y en eso tuvo que ver directamente la acción del oficialismo. La prédica anti partidos tuvo consecuencias decisivas, ya que en un contexto de alta popularidad del régimen, la polarización que alentó Fujimori debilitó la imagen de los actores tradicionales.

Sin embargo, en sus primeros años, el fujimorismo no logró consolidarse como fuerza municipal, lo que dice mucho del alto grado de personalización de la figura de Fujimori. En las municipales de 1993, el gobierno se vio obligado a retirar la candidatura de Pablo Gutiérrez a la alcaldía de Lima ante la inminente derrota. En el interior, Cambio 90 sólo obtuvo tres alcaldías provinciales.

Algo parecido sucedió en 1995. Fujimori, que venía de obtener una holgada victoria en las elecciones presidenciales unos meses antes, fue incapaz de impulsar a su delfín, Jaime Yoshiyama, quien finalmente perdió ante el ex pepecista Alberto Andrade.

El ascenso de los independientes trajo, sólo hasta cierto punto, una renovación de la clase dirigente en las provincias. En muchos casos se trataba de caciques locales cuyo mayor capital político no era su filiación partidaria sino su propia fortaleza como líderes comunales. En 1995, 33 de los 176 alcaldes elegidos como independientes tenían una antigua filiación partidaria.

En la década del 90, las dinámicas electorales parecieron funcionar al revés que en el decenio anterior. Los momentos de mayor popularidad del régimen no se tradujeron en triunfos municipales. En vez, cuando se inició la crisis del gobierno, el fujimorismo puso su atención en las administraciones municipales y creó el Movimiento Vamos Vecino (VV). La gestión local sería un espacio ideal para poner en práctica las políticas asistencialistas y populistas que levantarían la imagen del gobierno central. De esa manera, el régimen se vio obligado a salir del centralismo limeño.

En VV confluyeron caras nuevas así como algunos ex burgomaestres de antigua militancia partidaria o con experiencia edil independiente. De los 73 alcaldes elegidos por VV, 25 habían completado al menos un mandato anterior. Para algunos independientes, postular por VV resultaba más atractivo que ir por su cuenta.

2002: ¿Los políticos contraatacan?

El fenómeno del independentismo parece haber llegado para quedarse. A diferencia de otros países de la región, en el Perú de los 90 se produjo el colapso del sistema de partidos. Ese sistema no se ha terminado de recomponer. Si bien algunos partidos como el APRA han logrado recuperarse, la gran mayoría de los partidos siguen en crisis.

Las elecciones municipales y regionales de 2002 arrojaron un panorama de estabilidad para los independientes, que ganaron en 86 provincias y en siete regiones. El otro vencedor de la jornada fue el APRA, primero en 12 regiones y 34 provincias. Somos Perú (SP) mantuvo su caudal electoral a nivel provincial y ganó en una región. Salvo para Unidad Nacional (UN), que ganó en su plaza tradicional de Lima, para las demás organizaciones políticas, la elección no resultó muy provechosa.

Especialmente duro fue el golpe electoral sufrido por el oficialismo, poco más de un año después de iniciada su gestión. Perú Posible (PP) ganó solamente en una región (Callao) y en 12 provincias.

 

Bibliografía

- Meléndez Guerrero, Carlos (2003): Último Mapa Político: análisis de los resultados de las elecciones regionales de noviembre del 2002. Lima: IEP.

- Tanaka, Martín (1998): Los espejismos de la democracia. Lima: IEP.

- Tuesta Soldevilla, Fernando (2001): Perú Político en cifras: 1821-2001. Lima: Friedrich Ebert Stiftung

En Arequipa

En nuestra región las cosas también han ido por el mismo camino. Recordemos que en la década de los 80 el alcalde ganador fue un izquierdista no afiliado que triunfo con apoyo de algunos partidos políticos de esa tendencia: José Villa Lobos.

De ahí los partidos ganaron fuerza, algunos extraídos de movimientos regionales como el caso de Cáceres con el Frenatraca nacido en la zona Sur. Fernando Ramírez se presento como independiente con su frente de unidad vecinal, con apoyo del APRA, y quizá no habría ganado si no hubiera ido a los comicios vestido con la camiseta independiente.

Juan Manuel Guillén también gano como independiente la alcaldía de Arequipa, aunque con apoyo de los partidos de izquierda, pues su movimiento Arequipa Tradición y Futuro es un movimiento Regional. Simón Balbuena no fue un independiente, pues triunfo como candidato del nacionalismo, aunque en su campaña dijo que era invitado de ese partido y esto lo ayudo en el triunfo obtenido en el 2006.

En el caso de las Elecciones Regionales los triunfos han sido casi políticos, salvo el de Guillén que le dio una tonalidad independiente. Ahora pareciera que los independientes avanzan también en este ámbito pese a que las justas electores, regionales habían sido políticas.

En resumen en Arequipa avanzan los independientes en la parte regional y se consolidan en la municipal, salvo sorpresas de último momento, que son muy difíciles de presentarse.